En el panorama musical de los años noventa en Bogotá, pocas bandas dejaron una huella tan intrigante y memorable como Marlohabil. Este grupo, compuesto por Andrés Restrepo en la voz, Daniel Restrepo en el bajo y los saltos, Felipe López en la batería y Óscar Beltrán en la guitarra, nació de la amistad y la necesidad de crear música que escapara de los moldes establecidos. Aunque su legado se concentra solamente en un mítico casete conocido como "Marlohabil y sus 4 Cañonazos", su impacto resuena hasta hoy entre quienes vivieron esa época y los que se aventuran a descubrirla.
Marlohabil no era una banda convencional. Desde sus inicios, en reuniones informales entre amigos, crearon canciones que fusionaban el funk con letras surrealistas cargadas de humor y referencias urbanas. Aunque su estilo era difícil de categorizar, algunos los describieron como "un Primus más suave con letras a lo Fito Páez", una combinación que capturaba la esencia de su propuesta: divertida, fresca y llena de misterio. Tanto así, que el nombre de la banda dejó una incógnita eterna: ¿Quién o qué era Marlohabil?
La experiencia de verlos en vivo era igualmente única. Tocaban en pijamas o con decorados extravagantes, creando un espectáculo tan memorable como su música. Aunque no se presentaron tantas veces como otras bandas contemporáneas, cada actuación era un evento. Tocaron en escenarios emblemáticos como el Teatro Taller de Colombia y el Festival Rock al Parque, pero también dejaron su marca en un evento crucial aunque hoy olvidado: el Concierto Sol y Luna.
@museodelrockcolombiano Marlohabil fue una banda bogotana de rock y power pop. Se destacó en la escena musical de los años noventa en Bogotá, una época de auge y declive en la independencia musical. Su demo EP "4 Cañonazos", lanzado en 1995, es una muestra representativa de su estilo. Marlohabil participó en eventos emblemáticos como Rock al Parque en 1996. A pesar de su disolución, la banda dejó una huella significativa en la historia del rock colombiano. #rockcolombiano #museodelrockcolombiano ♬ 15 minutos de Silencio - 🥷richardjoshuaoficial🥷
El Concierto Sol y Luna, realizado en 1996 por la disquera EMI cuando el rock estaba vetado en Bogotá, fue un evento de proporciones épicas. Comparable a festivales históricos nacionales, reunió a grandes exponentes del rock colombiano e internacional, Marlohabil fue una de las bandas destacadas. Este concierto, aunque menos recordado hoy, marcó una época dorada en la que el rock alternativo ganaba fuerza y las bandas emergentes, como Marlohabil, se convertían en la voz de una generación y nadie entiende como no lograron trascender más.
A pesar de haber grabado más de diez canciones en un estudio analógico, solo cuatro llegaron a las manos del público en forma de un casete que hoy es una rareza. Estas canciones, con temas tan inusuales como desfiles de modas, verduras gigantes y hombres lobo enamorados, se convirtieron en un testimonio del ingenio y la creatividad de la banda. El casete, distribuido de forma limitada, sigue siendo un objeto de culto.
La banda también estuvo cerca de firmar con Delírica, un proyecto de EMI que intentó replicar el éxito del sello Culebra de BMG. Sin embargo, esa posibilidad nunca se materializó, dejando a sus seguidores con la eterna pregunta de "qué hubiera pasado si".
Aunque Marlohabil dejó de tocar juntos después de 1996, sus integrantes continuaron sus caminos de formas notables. Óscar Beltrán siguió en la música con La Paralela, Felipe López fundó el estudio de grabación Onda selecta, Andrés Restrepo se dedicó a la locución comercial, y Daniel Restrepo encontró su vocación en la biología. A pesar de tomar rumbos distintos, el legado de Marlohabil sigue vivo, especialmente entre quienes recuerdan sus presentaciones y aquellos que aún buscan su esquivo casete.
Marlohabil representa lo mejor de una época en la que la música bogotana experimentaba con sonidos y propuestas frescas. Su capacidad de capturar la esencia de una ciudad llena de contradicciones y su compromiso con la creatividad los convirtieron en un diamante en bruto. Aunque su historia quedó en pausa, su legado es eterno. Marlohabil y sus 4 Cañonazos no solo dispararon música, sino también recuerdos y emociones que aún resuenan en los oídos de quienes tuvieron la fortuna de escucharlos.
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