Billy Murcia, el colombiano baterista de The New York Dolls



Billy Murcia fue un músico y diseñador de modas cuyo legado quedó marcado en la historia del rock, a pesar de la brevedad de su paso por los escenarios y la intensidad con la que vivió su arte. Nacido el 9 de octubre de 1951 en Bogotá, en el seno de una familia boyacense, Billy llegó al mundo en medio de una realidad convulsa que cambiaría drásticamente con la emigración. Su padre, Alfonso Murcia, ingeniero y diplomático que trabajaba para UNICEF, se vio forzado a trasladar a la familia a los Estados Unidos a partir de 1964, cuando amenazas y atentados sacudían el ambiente en Colombia. La mudanza a Nueva York no solo significó un cambio geográfico, sino también el inicio de una vida en la que la música y la moda se fusionarían para crear una huella imborrable.
Desde muy pequeño, el sonido del rock and roll se coló en el corazón de Billy. La experiencia de asistir, a los 13 años, al concierto de los Beatles en el legendario Shea Stadium dejó en él una marca indeleble. El estruendo de las guitarras, la energía desbordante de la multitud y la sensación de presenciar algo histórico encendieron en el joven inmigrante una pasión que lo impulsaría a explorar todos los caminos del arte. En esa ciudad donde convergían culturas y sueños, Billy encontró el escenario perfecto para escribir su propia historia musical.

En la casa familiar, ubicada en Queens, el sótano se convirtió en un santuario creativo. Allí, junto a su hermano Alfonso y amigos de la escuela, entre ellos Sylvain Mizrahi, se reunían para experimentar con ritmos y acordes, dando origen a las primeras incursiones en el mundo del rock. La banda escolar conocida como The Pox fue el punto de partida de una carrera que se iría consolidando a base de esfuerzo, creatividad y una entrega total. Con el apoyo de su padre, quien patrocinaba los equipos y las grabaciones, Billy demostró desde temprano una habilidad extraordinaria para tocar la batería. La forma en que manejaba las baquetas, con destreza y energía, permitía que cualquier error se transformara en parte de una improvisación casi mágica, dejando perplejos a quienes lo observaban.

El talento musical de Billy no se limitaba a la percusión; la moda y el diseño también ocuparon un lugar central en su vida. Con una sensibilidad única para el estilo, el joven desarrolló la marca “Truth and Soul”, a través de la cual diseñó sweaters y prendas que reflejaban la contracultura emergente. Cada atuendo era una extensión de su personalidad: audaz, arriesgada y siempre en sintonía con el espíritu rebelde de la época. La fusión entre música y moda permitía que Billy se expresara de manera integral, haciendo de cada presentación un espectáculo visual y sonoro que desafiaba las convenciones establecidas.

@museodelrockcolombiano Billy Murcia (1951-1972) fue el baterista original de New York Dolls. Nació en Colombia y creció en Nueva York, donde ayudó a formar la banda. Su estilo enérgico influyó en el sonido inicial del grupo. Falleció trágicamente en Londres por una sobredosis accidental antes de que la banda grabara su primer álbum. #rockcolombiano #museodelrockcolombiano #billymurcia ♬ sonido original - Museo del Rock Colombiano

La efervescente escena neoyorquina de finales de los años 60 y principios de los 70 ofrecía el contexto ideal para que Billy y sus compañeros encontraran un espacio en el que su creatividad pudiera florecer. Fue en ese ambiente cargado de energía y rebeldía que nació la banda que, más adelante, se conocería como New York Dolls. Integrada por jóvenes que se presentaban con zapatos de plataforma, maquillaje brillante y una estética inconfundible, la agrupación se destacó por romper esquemas y reinventar la imagen del rock. La presencia en el escenario de Billy, apodado en ocasiones “Billy Dolls”, se caracterizaba por una mezcla explosiva de precisión técnica y espontaneidad, que dejaba en claro que el arte no tenía límites cuando se vivía con pasión.

Una de las anécdotas que ha quedado para la posteridad ocurrió en septiembre de 1972. David Bowie, antes de su actuación en el Carnegie Hall, decidió asistir a un show en el Mercer Arts Center de Manhattan para ver a los New York Dolls en vivo. La imagen de un joven latino, de porte similar al de Marc Bolan, cautivó al músico británico, quien más tarde plasmó en la letra de “Time” un verso que recordaba a Billy y a sus amigos del grupo. Esa alusión poética se transformó en un tributo imborrable al baterista, capturando la esencia de un artista cuya vida brilló con intensidad a pesar de su corta existencia.

La personalidad de Billy se reflejaba en cada aspecto de su día a día. En las reuniones y ensayos, su risa contagiosa y su energía inagotable convertían cada encuentro en una celebración del arte. Los que tuvieron la fortuna de compartir momentos con él lo describen como alguien que vivía al límite, siempre en movimiento, dispuesto a reinventarse constantemente. La habilidad para transformar cualquier percance en una nueva oportunidad para brillar se convirtió en la marca registrada de un músico que parecía desafiar las leyes del tiempo. Los testimonios de compañeros y amigos evidencian una figura carismática, capaz de irradiar luz incluso en los momentos más oscuros.

La vida de Billy se entrelazó con el torbellino de la escena del rock underground, donde fiestas, giras y encuentros con leyendas eran parte del cotidiano. La banda se movía por locales, estudios y sótanos que se transformaban en escenarios improvisados, donde la creatividad y la pasión se fundían en una experiencia única. Durante una gira por Inglaterra, la presión del éxito se hizo palpable. Tras un concierto en el Imperial College de Londres, se desató un episodio que marcaría para siempre la carrera de Billy. Durante una comida en el restaurante del hotel, David Johansen, visiblemente alterado por los acontecimientos recientes, levantó la voz frente a toda la banda, generando una escena tan cargada de emociones que hizo brotar lágrimas en los ojos del baterista. Esa experiencia dejó una cicatriz emocional en Billy, reflejo de la intensidad de los momentos vividos en un ambiente donde el éxito y la tensión se encontraban lado a lado.

La influencia de los grandes del rock se percibía en cada nota que salía de la batería de Billy. Inspirado por grupos como The Rolling Stones, Chuck Berry y otros iconos del género, el joven colombiano incorporó a su estilo la fuerza y el ritmo característicos de esos artistas. Las largas sesiones de improvisación en el sótano familiar, en las que se escuchaban fragmentos de The Stooges, The Who y Jimi Hendrix, contribuyeron a forjar un sonido que combinaba técnica y pasión en una amalgama explosiva. Cada golpe de baqueta era una declaración de intenciones, una afirmación de que el arte podía nacer de la fusión entre la disciplina y la libertad.



La evolución del grupo que se convertiría en los New York Dolls estuvo marcada por esa energía desbordante y por la voluntad de romper con lo establecido. Las primeras presentaciones del grupo se convirtieron en auténticos rituales, en los que la música, la moda y la actitud se entrelazaban para crear una experiencia inolvidable. Canciones como “Trash” y “Bad Girl” llevan consigo el eco del talento de Billy, pues en alguna ocasión se comentó que parte de la composición de “Trash” fue inspirada en la personalidad vibrante del baterista, y “Bad Girl” evoca, en parte, el recuerdo de su energía arrolladora. Los acordes y ritmos que se gestaron en esos primeros días siguen resonando en la memoria de quienes vieron nacer a una de las leyendas del rock underground.

La vida de Billy tomó un giro dramático durante una gira por Inglaterra, donde el grupo buscaba afianzarse en el escenario internacional. El ambiente de una juventud entregada al arte y a la vida nocturna se vio permeado por el consumo de sedantes como Quaaludes y Mandrax, sustancias que marcaron la cultura de los años 70 y que cobraron un alto precio en la vida de muchos artistas. En medio de la vorágine de conciertos, fiestas y excesos, se gestaron tensiones internas que terminaron por desembocar en una noche fatídica. Un martes, cuando la gira apenas dejaba dos fechas pendientes, Billy pidió prestada una limusina y un poco de dinero para salir a dar una vuelta. La decisión, motivada por el agotamiento y la influencia de las drogas, desembocó en un desenlace que dejó perplejos a sus amigos y compañeros.

La noticia de la muerte de Billy se propagó con la rapidez de un relámpago entre los círculos del rock. Mientras Marty Thau, el manager de los New York Dolls, negociaba un contrato discográfico, recibió una llamada que anunciaba la trágica pérdida. El cuerpo del baterista fue localizado en el edificio Brompton Lodge, en Kensington, y la versión oficial apuntó a un ahogamiento tras una sobredosis. Las circunstancias en que se produjo su fallecimiento estuvieron rodeadas de incertidumbres: la familia, al enterarse, se encontró con la imposibilidad de reconocer a su hijo debido a la forma en que fue presentado, y los esfuerzos por investigar a fondo lo ocurrido se vieron frustrados por barreras burocráticas y testimonios limitados. Los relatos sobre esa noche se mezclaron en una narrativa cargada de misterio, en la que las emociones de la pérdida se entrelazaron con la confusión de un suceso inesperado.

El impacto de la partida de Billy se sintió profundamente en el ambiente de los New York Dolls. La ausencia de un baterista que había sido pilar en la formación del sonido del grupo obligó a sus compañeros a buscar un relevo en un momento en el que el éxito parecía al alcance de la mano. Con la incorporación de Jerry Nolan, la banda continuó su camino, grabando su primer álbum en los estudios de Record Plant, un disco que más tarde sería reconocido como uno de los 500 mejores de la historia según Rolling Stone. La huella de Billy, sin embargo, permaneció indeleble en cada nota, en cada improvisación y en la atmósfera que definió aquellos primeros días de una revolución musical.

Los testimonios de quienes convivieron con él permiten reconstruir la imagen de un artista apasionado y entregado. Sylvain, amigo y compañero de Billy, recordaba cómo cada mañana despertaban con la imperiosa necesidad de crear, ya fuera a través de la música, la moda o cualquier otra forma de expresión. La energía de Billy, que le permitía transformar cada percance en una nueva oportunidad para brillar, se convirtió en el símbolo de un espíritu creativo que no conocía límites. Su hermano Hoffman, ahora ejecutivo, rememora con nostalgia la agilidad con la que Billy manejaba las baquetas, una habilidad que dejaba a todos asombrados y que parecía desafiar las leyes del tiempo. Los recuerdos de Rodrigo Salomón, quien tuvo la oportunidad de alojarse en la casa de los Murcia en Jamaica, Queens, enriquecen la narrativa con anécdotas de tardes enteras dedicadas a la improvisación musical y a la creación conjunta de ideas que desembocarían en la identidad única de los New York Dolls.


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